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Riesgos de la sal en las comidas

La sal o cloruro sódico desempeña funciones importantes en nuestro cuerpo. Es necesaria para el buen funcionamiento de los músculos, nervios y la regulación del equilibrio interno de las células. El sodio que contiene la sal ya está presente en la mayoría de alimentos naturales pero la cultura de los países desarrollados ha fomentado el uso, o el abuso, de este condimento. En lugar de ensalzar los sabores de la comida muchas veces los enmascaramos. Con el tiempo mal acostumbramos el sentido del gusto y perdemos la capacidad de apreciar el sabor natural de los alimentos.

Enfermedades y patologías relacionadas con la sal

La cantidad de sal que se ingiere habitualmente varía de unos países a otros, y de unas culturas a otras. En los países occidentales el consumo de sal por persona y día es de 10 gr. que se corresponde aproximadamente con unos 4 gr. de sodio. La sal que tomamos en exceso se elimina sobretodo por la orina, pudiendo sobrecargar el esfuerzo que hacen los riñones. En menor medida también se expulsa a través de las heces y el sudor.

En los países desarrollados son frecuentes los problemas de salud relacionados con un consumo excesivo de sal. Diversos estudios demuestran la relación que existe con diversas patologías  del corazón, hígado, riñónes y algunos tumores del aparato digestivo. La hipertensión arterial  es uno de los efectos más conocidos del consumo continuado de sal que puede desembocar en una enfermedad cardiovascular.

¿Comer sin sal es una exageración?

En algunos casos el médico se ve obligado a prescribir una prohibición total de sodio en la dieta. Pero no es necesario padecer una enfermedad grave para tomar medidas a tiempo y reducir la cantidad de sal que tomamos.

Acostumbrarse a comer sin sal permite educar el gusto y descubrir sabores auténticos de los alimentos. Como decíamos al principio la mayoría de alimentos ya contienen sal de forma natural. Esta cantidad es normalmente suficiente para el funcionamiento del organismo en una persona sana.

8 Reglas de oro para reducir la sal en el día a día

  1. Conservas y platos preparados. Evitar o limitar la cantidad de productos en conserva. Como aceitunas, sardinas, atún, legumbres y platos preparados. La mayoría contienen una importante cantidad de sal.
  2. Otros condimentos. Acostumbrarse a utilizar especias y hierbas. La mayoría de las especias y hierbas no contienen sal añadida, y son perfectos para acompañar y ensalzar el aroma de los alimentos. Algunas de ellas son además especialmente beneficiosas para la salud.
  3. Charcutería. No abusar de quesos curados y otros fiambres. Suelen contener importantes cantidades de sal.
  4. Otros preparados. Reducir el consumo de salsas y comidas preparadas, patatas fritas, aceitunas y otros salazones.
  5. No añadir sal a los platos terminados ni tener un salero sobre la mesa a la hora de disfrutar de una comida.
  6. Etiquetado. Siempre que sea posible optar por productos elaborados especificamente sin o con muy bajo contenido en sal
  7. Qué es una pizca.  Los dedos con los que siempre se suele “pellizcar” la sal  no son una medida fiable.
  8. Poco a poco. Tratar de educar nuestro sentido del gusto reduciendo poco a poco la cantidad de sal en las comidas.

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